"Los perturbados entre lilas"
Los perturbados entre lilas, también conocida erróneamente como Los poseídos entre lilas según Javier Izquierdo Reyes (2013) en su Tesis doctoral "Los perturbados entre lilas, de Alejandra Pizarnik. Una edición crítico-genética": "esta última llegaría, de manera póstuma, en 1982 en una antología de textos inéditos, Textos de sombras y últimos poemas, bajo el erróneo título de Los poseídos entre lilas" (p. 25), se trata de la única obra teatral completa que escribió Alejandra Pizarnik en el año 1969.
Como sabemos, Pizarnik perteneció a la corriente neosurrealista o "surrealismo argentino" (Zonana, 1997) y esto se puede apreciar tan solo leyendo esta pieza teatral, ya que el absurdo es el gran protagonista y la poesía está muy presente. Al fin y al cabo, Pizarnik no era dramaturga, sino poeta.
Nuestra autora llegó a reescribir esta pequeña pieza teatral hasta tres veces, cambiándole el nombre en todas y cada una de ellas: primero se llamó Los triciclos, posteriormente, Los poseídos entre lilas (de ahí el error que se produjo en su antología póstuma) y, finalmente, Los perturbados entre lilas (Izquierdo Reyes, 2013, p. 47). Realmente, no hubo cambios significativos entre unas y otras, pero Pizarnik era bastante exigente consigo misma, de ahí que hiciera tantas correcciones. La gran pregunta, sin embargo, es ¿por qué eligió ese título?, ¿cuál es el significado de las lilas? Según Javier Izquierdo Reyes (2013): "escoge dichas flores como símbolo plurívoco que remite, por una parte a la tristeza y la melancolía, y, por otra, al deseo" (p. 47). Si tenemos en cuenta esto, ya tan solo con el título, se sabe sobre qué tratará la pieza teatral: la tristeza y los deseos que esconde la mente de la poeta.
Los perturbados entre lilas, como afirma Paulina Daza (2005) en su artículo "Alejandra Pizarnik: 'No puedo hablar con mi voz sino con mis voces'. Los perturbados entre lilas": "pertenece a la última etapa de la escritura de la poeta antes de su suicidio, aquel periodo en el que ha perdido la confianza en su único refugio, el lenguaje, y se encuentra encudriñando más allá de los límites en busca de amparo" (p. 152). El lenguaje que utiliza Pizarnik en su obra teatral es bastante complejo, es pura experimentación, tanto, que muchas veces el lector o espectador no sabe lo que está ocurriendo. Como es obvio, la autora hace esto a propósito, busca la confusión y la incomodidad del público a través de sus conocimientos sobre el movimiento surrealista, no quiere que el espectador se quede exclusivamente con lo que ve en escena, sino que vaya más allá, que intente buscarle un sentido a los sinsentidos que plasma la escritora en escena.
Esta pequeña pieza teatral tiene tan solo cuatro personajes: Segismunda, Carol, Macho y Futerina, aunque también podríamos añadir a la muñeca de Segismunda, Lytwin.
La obra se desarrolla en un ambiente muy infantil: una habitación con muebles infantiles de colores muy vivos. Todos los personajes van en triciclo, como si fueran niños jugando o marionetas, lo que le da un toque siniestro a la escena. De hecho, en su primera intervención, Segismunda afirma lo siguiente: "es verdad que renuncié hace mucho a ser persona. No obstante, vivo. ¿Por qué? No lo sé. Pero es así y sufro." (Pizarnik, 1969 [1993]). Aquí se produce como una especie de deshumanización del personaje, no se siente un ser humano y puede ser debido a que ha perdido la ilusión de vivir. Ya solo con esa intervención y conociendo a nuestra autora, llegamos a la conclusión de que Segismunda va a llevar las riendas en la historia y va a controlar al resto de personajes que intervienen en la escena. En definitiva, va a plasmar todos los pensamientos de Pizarnik en la pieza teatral y así mismo lo afirma también Paulina Danza: "en un principio podría decir que este personaje corresponde a aquella voz de la poeta que tiene el poder de la apalabra, que a partir del dolor y el sufrimiento se hace fuerte y domina" (p. 153).
Por otra parte, el propio nombre de Segismunda hace alusión a otro personaje icónico del teatro: Segismundo (Danza, 2005, p. 154), de La vida es sueño, una obra de Pedro Calderón de la Barca. Esto no es casualidad, ya que Segismunda juega mucho con los sueños y con todo lo relacionado a ellos durante toda la obra:
No me dejan dormir. Cállense o hablen más bajo. Si pudiera dormir un minuto, un año. Si durmiera, detrás de mis ojos de dormida yo vería los mares y los laberintos y los arco iris y las melodías y los deseos y el vuelo y la caída y los espacios de los sueños de los demás vivientes. Yo podría ver y oír sus sueños (Pizarnik, 1969 [1993]).
Como decíamos, Segismunda es el reflejo de los pensamientos de la autora, es su personalidad más característica (Pizarnik tenía muchas) y esto se puede apreciar en su forma de ver el mundo y de usar el lenguaje poético, ya que es la única que lo utiliza de una forma tan bella: "todos me dicen que tengo una larga, resplandeciente vida por vivir. Pero yo sé que sólo tengo mis propias palabras que me vuelven" (Pizarnik, 1969 [1993]). Esta cita es el reflejo de lo que sufrió la autora. Está hablando a través del personaje sobre su desesperanza con respecto a la vida, sobre cómo todo su entorno la anima a continuar, pero ella solo tiene su poesía, sus letras, lo único que la mantiene con vida. "Estoy hablando o, mejor dicho, estoy escribiendo con la voz. Es lo que tengo: la caligrafía de las sombras como herencia" (Pizarnik, 1969 [1993]). Aquí nos vuelve a hablar sobre la importancia que tiene la literatura en su vida, hasta tal punto que ella solo vive para crear, pero no cualquier tipo de literatura, sino que se dedica a la "caligrafía de las sombras", es decir, dedica su escritura a sus pensamientos más recónditos, oscuros, perturbados, románticos, sexuales y rebeldes. Pizarnik hace constantes juegos con la muerte, los sueños, el amor, el deseo, la locura, la tristeza y la desesperanza a través de Segismunda: "a veces el sol se me sube a la cabeza y escribo como si reaprendiera la vida desde la letra a. Otros días son como el de hoy: soy un agujero desintegrándose" (Pizarnik, 1969 [1993]), "Car, ¿debo agradecer o maldecir esta circunstancia de poder sentir todavía amor a pesar de tanta desdicha?" (Pizarnik, 1969 [1993]).
En definitiva, Segismunda es el reflejo de la poesía en esta pieza literaria y la que transmite todos los sentimientos de Alejandra Pizarnik, además de llevar la voz cantante en la escena, como afirma nuevamente Paulina Daza: "Segismunda tiene el poder de afectar sobre Carol, Macho y Futerina, puede gritarles, hacerlos callar, echarlos, ponerles solo brazos y piernas, encerrarlos en el gallinero" (p. 155).
Por otro lado, tenemos a Carol, cuyo nombre también posee un significado, como el de Segismunda. En este caso, según vuelve a plantear Paulina Daza: "se puede pensar en la ambigüedad de su nombre, un nombre asexuado que podría ser utilizado tanto por un hombre como por una mujer" (p. 156). Con esto podríamos afirmar que Pizarnik ha introducido a un personaje que no se identifica con un género determinado, algo bastante interesante y que muestra el cómo la autora hablaba sin tapujos sobre la sexualidad. De hecho, a lo largo de esta pieza teatral se habla sobre este tema y se aprecian elementos eróticos, como cuando Carol le dice a Segismunda: "acabo de levantarte y ayudarte a montar en tu triciclo mecanoerótico" (Pizarnik, 1969 [1993]), o cuando Macho le pide a Futerina con deseo que lo bese y lo toque: "bésame, tócame. Tócame un nocturno" (Pizarnik, 1969 [1993]).
Volviendo al análisis del personaje, Carol viene a ser en la obra la personalidad complementaria de Segismunda, es como la parte miedosa de Pizarnik, puesto que este personaje habla constantemente sobre el miedo que le tiene a su propia existencia y sobre su deseo de huir : "Te oí, Dijiste que me fuera. Intento hacerlo desde que me parió mi madre" (Pizarnik, 1969 [1993]), "me voy porque la vida que llevo aquí, no me gusta" (Pizarnik, 1969 [1993]). A través de este personaje, Pizarnik habla sobre sus ganas de desaparecer, de huir hacia un lugar en el que encuentre la felicidad que lleva ansiando durante tantos años y también recurre a letras sacadas del tango para expresar estos sentimientos: "estoy harto. Mi noche, tu noche, / mi llanto, tu llanto, /mi infierno, tu infierno" (Pizarnik, 1969 [1993]).
Sin embargo, el final de la obra que nos deja Pizarnik a través de la intervención de Carol es bastante desolador si conocemos la historia de la autora, ya que el personaje dice lo siguiente: "he vivido entre sombras. Salgo del brazo de las sombras. Me voy porque las sombras me esperan. Seg, no quiero hablar: quiero vivir"(Pizarnik, 1969 [1993]). Aquí, Pizarnik, a pesar de haber hablado sobre la muerte durante toda la obra y de haber tenido un pensamiento pesimista en cuanto a la vida, se termina aferrando a ella y deja claro que quiere vivir. Este final es bastante devastador si tenemos en cuenta que tres años después terminó desistiendo y dejándose engullir por las sombras que tanto menciona en la pieza teatral y que la llevaban acompañando durante toda su vida.
Por último en cuanto al análisis de los personajes, tenemos a Macho y a Futerina, de los que Paulina Danza destaca lo siguiente: "se nos presentan como seres inacabados, como seres incompletos sexualmente, al igual que Pizarnik" (p. 158). Aquí vemos lo que comentábamos anteriormente, la autora habla abiertamente sobre su sexualidad y la refleja en sus personajes. Ambos son débiles, están mutilados, dominados por Segismunda y pegados a sus triciclos con la imposibilidad de mantener cualquier tipo de relación sexo-afectiva. Esto podría ser una metáfora del tabú, una prohibición de las relaciones sexuales que no fueran como las regía la norma social y es que se sabe que Alejandra Pizarnik era bisexual, algo que en su época no estaba bien visto.
Una vez sabemos lo que representa cada personaje para la autora, podemos introducirnos con la temática de la obra teatral. En un principio y debido al lenguaje y a la estructura de diálogo tan experimental que se utiliza, cuesta un poco entender qué está sucediendo realmente, ya que, al fin y al cabo, nos encontramos ante una obra surrealista, un absurdo. La pieza teatral, aunque parezca que no tiene un orden lógico, realmente tiene una razón de ser, puesto que se trata de una crítica hacia la condición humana. Pizarnik critica lo absurdo que es nuestro ritmo de vida y el sinsentido de nuestra existencia, así como la soledad. Esto se puede apreciar en diferentes expresiones que utilizan los personajes, tales como: "'La vida es una herida antigua...'" (Pizarnik, 1969 [1993]), "sin embargo, cumplimos años, perdemos la frescura, las ganas... Perdemos... Car, ¿no es eso la realidad?" (Pizarnik, 1969 [1993]), "no hacemos nada pero lo hacemos mal" (Pizarnik, 1969 [1993]), "todo está como un peine lleno de pelos; como escuchar con una esponja en los oídos; como un loco metiendo a una mujer en la máquina de picar carne pero le parece poco y mete también la alfombra, el piano y el perro" (Pizarnik, 1969 [1993]). Pizarnik hace una crítica a lo absurdo de la vida y a que el ser humano crea firmemente que el sistema en el que vivimos es completamente lógico, cuando no es así. Por culpa de este, muchas personas han llegado a su límite, como le estaba pasando a la autora en ese momento, hasta el punto de considerar la muerte como el medio más eficaz de escape. Realmente, si ahondamos más en la obra, podría tratarse no solo de una crítica hacia la condición humana y al sistema, sino también de una especie de reivindicación a la salud mental. Esto último se percibe más en una escena en la que Segismunda le cuenta a Carol que se encuentra muy mal y él, bajo el rol de médico, le dice que es todo porque tiene un problema de pulmón, ignorando de esta forma el verdadero episodio depresivo en el que está sumida la protagonista, tal y como le ocurría a la autora.
Por último, cabe destacar las referencias a la infancia, un tema fundamental en la obra de Pizarnik: los triciclos, las muñecas, la escenografía llena de muebles coloridos, el comportamiento de algunos personajes: adultos aniñados, tal y como era Pizarnik y así lo afirma Ana Müshell en su libro Maldita Alejandra, una metamorfosis con Alejandra Pizarnik: "[...] seguirá siendo una niña. Infante, delicada y rebelde. Siempre lo fue y siempre lo será" (p. 15).
En Los perturbados entre lilas, Pizarnik expone algo de lo que muchos autores no se atreven a hablar: el absurdo de la condición humana, el sistema que le quita al ser humano las ganas de vivir, la hipocresía social y los problemas psicológicos. La pieza teatral es un reflejo de sus pensamientos, de sus diferentes personalidades, de su infancia y de su propia realidad, a la que ella veía como un completo sinsentido.
En definitiva, Alejandra Pizarnik nos muestra, a través de su lenguaje poético, como todos somos niños fingiendo ser adultos en un mundo que se encuentra patas arriba.
Comentarios
Publicar un comentario